lunes, 24 de diciembre de 2007

NADA ES FÁCIL SIN TU AMOR (RATA BLANCA) ¡POR LOS VIEJOS TIEMPOS!


Cuando estába en cuarto de secundaria mis amigos y yo solíamos ensayar con guitarras acusticas y algunos bidones de aceite que hacían de tambores y toms de la batería, luego conseguimos comprar guitarras eléctricas para componer canciones y tocar covers de Nirvana, Rata Blanca, Ángeles del Infierno, El Tri, Coda 3, entre otros. Lastimosamente sólo llegamos hasta ahí, nuestra banda, llamada entonces La Cochinada y luego Los Caballeros del Metal, no pasó más allá de un par de tocadas: una para la "promo" de nuestro "cole" y otra para nuestro reencuentro, y se esfumó para quedarse en los recuerdos y en una cinta de VHS.

Una de las canciones que más nos gustaba y que también logramos tocar en los ensayos fue está: Nada es fácil sin tu amor, de Rata Blanca.

El comentario viene a propósito de un video de Chico callejero, de Rata Blanca antes de que llegará a la banda Adrián Barilari, que me envió hace unos días Miguel, un viejo amigo de "cole" y, pues, ésta es mi retribución. Se las recomiendo...

CHICO CALLEJERO (RATA BLANCA)

jueves, 13 de diciembre de 2007

PAGAR PARA QUE TU TEMA SUENE EN LA RADIO

La difusión de un tema musical de una agrupación tropical, en la mayoría de las radios tropicales de La Paz, tiene un costo. La radio Chacaltaya 93.7 FM, por ejemplo, cobra trecientos dólares por pasar una canción al aire, seis veces al día, durante un mes; Gigante 94.9 FM hace lo mismo por 150; La tarifa de radio Fantasía es de cien dólares. Ésa es la forma en la que se manejan las radios tropicales en este momento, es decir, han convertido la difusión musical en una mercancía de tipo publicitaria que funciona en cadena:

Publicidad a través de la música de algún grupo = fama para el conjunto = más contratos = más dinero para promocionar su material.

Cuando nacían las radios tropicales en La Paz (1990), la música era difundida como sugerencia durante un tiempo y, si ésta gustaba, era por la propuesta musical -en todo el sentido de la palabra- de un grupo. Ahora, las cosas han cambiado, un grupo debe pagar para lograr la difusión de su tema, y si no se hace el contrato con una radio, cuando el público pide su canción, le dan una respuesta sencilla "El tema no está en programación".

La verdadera mercancía de las radios tropicales, al parecer, son las canciones que los grupos tropicales quieren hacer sonar en ese medio, y no la publicidad, que es como debería ser. ¿Estamos yendo por buen camino? ¿Es justo? ¿Cómo podría promocionar un grupo su CD si no cuenta con recursos económicos? ¿Qué solución plantear?

miércoles, 21 de noviembre de 2007

ALEJANDRA QUIROGA

No utiliza lentes de contacto ni está operada de la nariz, como cuentan los rumores; pero cuida mucho su alimentación, su forma de vestir, su cabello, su piel, que es "muy sensible".

En una entrevista con el suplemento Punto de encuentro, la corresponsal en La Paz del programa Pura vida, Alejandra Quiroga, explicó que conducir un programa de televisión no es "una taza de leche para la que sólo se necesita una cara bonita".

Por el contrario, requiere constancia y mucho trabajo, y manejar con tranquilidad todo tipo de comentarios, como los chismes. "Una vez me emparejaron con un primo mío, lo cual me molestó mucho (...) Haga lo que haga, siempre habrá gente que hable mal",

"Ale" lleva cinco años de experiencia en la pantalla chica. Comenzó conduciendo el programa infantil Uno teens, en la red Uno, luego pasó a Garaje, Conexión hasta llegar a Pura vida. Nació un 2 de mayo, admira a su abuelo y le gusta la música de Ricardo Arjona.

Actualización (26/11/11)

domingo, 11 de noviembre de 2007

SE VA LA DOBLE COPACABANA; LLEGA LA VUELTA A BOLIVIA PARA UNIRNOS

En momentos como éste, en los que Bolivia está viviendo posiblemente la transición más grande de su historia, cuya factura se está pagando con una "aparente" división entre bolivianos, necesitamos contagiarnos de amor por nuestra patria en todos los campos posibles.

En el ámbito deportivo, el padre Eduardo Pérez, director ejecutivo de Radio Fides, anunció en el acto de premiación de la XIII Doble Copacabana de Ciclismo que esta competencia internacional, avalada por la Unión Ciclística Internacional (UCI) -la FIFA del ciclismo-, cerraba su ciclo y que en 2008 nacerá la Primera Vuelta a Bolivia.

La "Doble..." se corrió durante 13 años en La Paz, El Alto, Viacha, Copacabana, Tiquina, Conani, Patacamaya, etc.; llegó a Oruro (Vila Vila), e, incluso, a Perú (en una versión anterior); conforme fue consolidándose ha logrado unir a los paceños, que armaban túneles humanos para apoyar la competencia; y se despidió dejando a un campeón nacional (el único), Óscar Soliz, el "Volcán" de Villazón.

Pero su muerte ha parido a una "reina de América", como bautizó Gonzalo Cobo a la Doble Copacabana, pero que bien ese nombre puede caerle a la nueva carrera: la Vuelta a Bolivia.

Esta primera versión de contexto internacional nacerá en Santibáñez, Santa Cruz, el 2 de noviembre de 2008, pasará por el Chapare, Cochabamba; Oruro, Copacabana, El Alto, para terminar el 9 en Calacoto, La Paz, como lo ha ido haciendo en los últimos años, y seguro contagiará ese sentimiento de amor a la patria, de sentirnos bolivianos, que tanta falta nos hace.

domingo, 4 de noviembre de 2007

OFICIO DE CORRECTOR

Trabajar en un periódico es un vicio sacrificado pero también apasionante. y la sala de corrección no es la excepción:

El trabajo empieza cuando muere la tarde y se extiende hasta más allá de la medianoche, aun más allá si es viernes, porque se adelanta la edición dominical y la trasnochada concluye a las cuatro o cinco de la madrugada.

Si haces un buen trabajo sólo tus compañeros lo reconocen, los demás ni lo notan porque en eso consiste la labor: en corregir sin ofender, si apelamos a Pablo Valle. Y si cometes algunas erratas, que siempre las hay, no faltará quien venga y te reproche. Ni hablar si los errores están en la tapa, los títulos o pretítulos. Y si te rajaste sacándole la mugre a una página y por diversas causas se publica la "no corregida", el sacrificio fue vano, la llamada de atención vendrá nomás.

Los errores no serían tan malos de no ser porque cada uno de ellos se multiplica por cuatro mil, o el doble o mucho más cuando hay ediciones especiales como aquella vez que murió el papa Juan Pablo II, por ejemplo. ¡Te imaginas tal cantidad de personas que verán tus falencias! Pero tampoco es tan malo, en muchos de los casos tu página mejor corregida puede aparecer en la envoltura de alguna caja, cubriendo frutas o alimentos, o en el baño, como que en las redacciones pasan.

Cuando adquieres cierta destreza, es como si estrenaras tus ojos, pues caminas por la ciudad y en los pasacalles, carteles, letreros luminosos de galerías, etcétera, etcétera, notas detalles a los que ni le dabas importancia. Aunque después se vuelve costumbre.

Los bueno es que te conviertes en un valioso recurso para disipar dudas sobre el lenguaje, puedes reírte de los errores de otros, incluidos editores, columnistas y hasta los jefes -como que disfrutas haciéndolo- y aprendes mucho conviviendo en la fuente de las erratas. Y de que el oficio es bueno, ni hablar: es un "vicioso apasionado".

El destino de Sísifo se hace presente una vez más los periódicos: "cuando, con la roca a cuestas, crees haber alcanzado la cúspide de la montaña, descubres que el pedrusco rueda hasta abajo a toda velocidad"*. Lo descubres en la primera ojeada.

* LÓPEZ MANUEL, Cómo se fabrican las noticias. Paidós: Barcelona. 1995.

viernes, 2 de noviembre de 2007

EL ARREPENTIMIENTO

---CUENTO---
¡Quería que fuera un sueño! Esperaba que ella llegara y, cuando lo hiciera y le preguntara sobre lo que habían hablado, ella respondiera: "No, mi amor. Yo te quiero y estaremos juntos siempre".

Pero no fue así. Jessica se presentó en la esquina del colegio, en el centro de la ciudad. Cuando lo vio le tocó la espalda y le dio un beso en la mejilla, como no solía hacerlo hace más de cuatro meses. Con una expresión tajante le sugirió que diga lo que tenga que decir de una vez.

Miguel se sintió intimidado, como un pollito, y blandió palabras timoratas y enredadas. El sol reluciente de mediodía se reflejaba diáfano en sus ojos mientras se acercaban a la puerta de ese recinto. Allí le pidió que le dé la última oportunidad, que la llama no debía apagarse aún y que si encontraba un solo resquicio de amor en algún sitio de su corazón, se aferrara a él para intentarlo una vez más.

A Jessica, esas palabras le sonaban a disco rayado. Oía las mismas frases una y otra vez. Pero había decidido que este encuentro no sería igual. Lo escuchó con indiferencia y cuando creyó que era el momento, lo miró con sorna y lo cortó.

-Sí, pero ya no quiero ¿Tú crees que puedo olvidar todo lo que me hiciste? -le increpó, dibujó una mueca y con eso lo selló todo. Entró en el colegio y se esfumó entre la multitud, como una nube en una tarde de ventarrón.

El muchacho quedó completamente anonadado, su rostro se asemejaba a la de un hombre ciego, sin rumbo, sin ton ni son. Ensimismado, apoyado en las barandas de la acera, recordó la llamada que le hizo cuatro días antes, aquel martes por la noche.

-¿Podríamos salir el sábado, Jessica? -le preguntó. Y un silencio absoluto los unió en la distancia.

-No sé -le respondió, su voz se oía tierna pero firme.

Quedaron en llamarse al día siguiente; pero las cosas ya no eran como antes. De algún modo, Miguel sentía la presencia de un verdugo que lo intimidaba cada vez más, y, conforme pasaban las horas, éste le metía una horca en el cuello y lo restregaba como saboreando una agonía paso a paso, aquellas de las que el "señor muerte" disfruta en su infierno y la víctima siente y resiente hasta los últimos límites del estupor.

Cuando se conocieron todo era diferente. Jessica había llegado a la fiesta con un abrigo de pieles marrón y una solapa que abrazaba su piel con lujuria, como una gatita mansa que se mece cariñosa en el regazo de su amo. Sucedió una noche de marzo. Entre coqueteos tiernos, bromas y francas sonrisas, ella le había confesado que venía por él, y, aunque esa noche se despidieron como amigos, sabían que volverían a encontrarse.

Salieron a la semana siguiente, fueron a bailar y a beber juntos. Se divirtieron tanto que terminaron amándose en un lecho de pasión incipiente increíblemente abrazadora. Hasta el último día Jessica recordaría esa primera vez juntos y no se arrepentiría nunca por haberse atrevido a tanto en esa cita.

Las noches de desenfreno se repitieron, pero con el tiempo Miguel empezaría a manejar en reversa. Atado a los rumores de que Jessica era la Violeta de la que hablaba Xabier Velasco en su Diablo Guardián, le puso un cerrojo a su corazón; pero ignoraba que la choquita de belleza mística, de piel trigueña y labios finos había decidido ser la niña buena que había encontrado al galán perfecto para entregarse en cuerpo y alma desde un principio. Y solía demostrarlo muy bien. Cuando iban al café, la romántica nata por excelencia no paraba de abrazarlo y de dibujar besos en su cuello, lo llamaba para oír su voz, le confiaba sus más íntimos secretos, lo abrazaba con la más inocente delicadeza y le regalaba besos inolvidables, y a cambió sólo le pedía un poco de amor. Y es que cuando dos coches avanzan en sentido contrario, el choque es inminente: luego de unos meses, la choquita terminó fulminada por las pinzas y tijeras del quirófano, con un dolor físico causado por una peritonitis aguda; y un dolor emocional que quebraba a pedazos cada resquicio de su alma hasta dejarla casi muerta y sin ganas de vivir. Y todo por el desaire de Miguel, que hasta el último momento creyó en los rumores de Violeta y se negó a visitarla cuando más ella lo necesitaba.

Jessica convaleció por un mes en una lúgubre cama de nosocomio. En ese tiempo decidió olvidarlo, pero antes tenía que verlo. "Para saber qué siento", se decía.

Una mañana se citaron en la esquina del colegio, fueron a pasear a la Terminal Interdepartamental, allí oyeron una canción y luego la muchacha lo llevó a conversar en la banqueta de la plaza de la Virgen, que quedaba a unos pasitos de su casa. Ese encuentro bastó pata que supiera que lo seguía amando y, cuando se lo dijo, él le salió con que tenía otra. Esa frase entró como una daga en las entrañas de la joven, mas supo controlarse y no le reprochó. Se dijo a sí misma que una mujer debe saber esperar y que lo había de hacer pacientemente. Lo soñó incontables noches en su habitación y siempre estuvo pendiente de él hasta que supo que esa relación había fracasado.

Después de unos días se citaron. Esa tarde, en una placita del centro, Jessica vio a un Miguel angustiado y derrotado. Ella lo escuchó pacientemente y le dio una muestra de su más límpido amor:

-Debería sentirme bien por lo que te pasó, pero no es así. Me haces sentir mal a mí también.

La consoló hasta donde pudo, le ofrendó su vida para calmar siquiera un poco del dolor que le había causado ese amor ajeno, y le propuso volver. Miguel aceptó, y con él volvieron sus ínfulas. El tiempo se encargaría de invertir los papeles y de que leonsito indomable pagara cada una de sus faltas.

La gota derramó el vaso un domingo de julio, cuando la joven fue a visitarlo para celebrar sus cumpleaños. Esa noche, el soberbio jactancioso le pagó con apatía. Esa actitud le bastó para dictar la sentencia final: la Jessica ducha en las lides del amor volvería para cobrar con creces su factura, y se lo advirtió: "como me tratas te trataré", le dijo.

Empezó rechazando las citas; cuando lo aceptaba, se mostraba fría como un insensible bloque de hielo; su corazón comenzó a exhumarse y empezó a manejar a Miguel como un indefenso títere en manos de una veterana prestidigitadora que tiene el don hasta de quitarle la vida: le contaba sus experiencias más íntimas con otros cuerpos; sus ganas de volver a ser la de antes; los méritos que habían hecho los incontables pretendientes a los que había dado un beso de picaflor para que quedaran encantados a su merced, tanto que varios la seguían buscando; su deseo de escoger a uno de ellos para "hacer cositas"; se negó hasta el más mínimo roce de cuerpo entre ambos aduciendo que simplemente "no le nacía"... Así lo moldeó a su antojo y, cuando lo creyó listo para la estocada final, cogió al mejor de sus amigos y le clavó uno de sus mejores besos en presencia de su víctima.

En un segundo, Jessica se dio cuenta de que la amaba. En sus ojos, ese amor creció como un relámpago y se desvaneció indisoluble como pompas de jabón. Huyó sin rumbo hasta encontrar un refugio para adormecerse en interminables tragos de alcohol, pero el efecto había de ser fugaz. Las lágrimas comenzaron a brotarle con dolor, un dolor filoso e irónico. Y empezó a recordar cada una de las cosas que había acabado de perder: la forma en que le decía "me gustas cuando te enojas", los besos en la oreja, los eternos abrazos, la orden de que cerrara los ojos para ser mimado a besos, su romanticismo nato, sus palabras, su cuerpo y sus deseos de entregarse tibia tal cual era, su fragancia natural, su belleza, su idea de comprar un par de anillos, el koala de peluche, el reloj mandado ha hacer, la tarjeta gigante de cumpleaños, su ternura, sus innovadoras ideas de alcoba... Y se tragó uno a uno sus desatinos: su frialdad, sus ínfulas, sus reproches cada vez más reiterativos, su abandono, la vulgaridad de sus palabras, el "cero" de detalles... Y lloró sin consuelo hasta caer rendido por obra del sueño.

A los dos días, el descomunal león se transformó en un frágil gatito que había logrado armarse de valor para pedir perdón. Compró unos pendientes, cortó una rosa, escribió unas cartas y fue a entregársela implorándole gracia por todos sus desaciertos. Ella la atendió frívola, recibió los regalos y se marchó. La mañana siguiente Miguel la llamó para hacerle una cita, pero Jessica le respondió que su relación "había terminado definitivamente". Él sintió derrumbarse y, agarrándose de la última hebra de cordura, le rogó que hablaran, mas la muchacha no cedía. En su desesperación, Miguel le pidió que se encontraran en la esquina del colegio y le rogó hasta lograr convencerla.

Y en un cuarto de hora se vio allí. Miguel esperando entre la multitud en la esquina del colegio, ensimismado, arrepintiéndose como nunca y tragándose cada infamia que le hizo a su amada, cerró los ojos y sintió cómo las dagas penetraban en su cuerpo hasta que un toquesito en la espalda y un beso en la mejilla lo sacaron de su letargo. Era Jessica, que tras saludarla lo fulminó con la mirada.

-Lo que tengas que decirlo dilo ahora, no tengo mucho tiempo.

Y Willy comenzó a implorar a trompicones, pero Jessica no lo dejó y lo cortó de inmediato, tapó sus labios con su índice y acto seguido le robó un beso.

-Callate tontito. ¿Acaso tengo que seguir dándote lecciones para que te des cuenta de que me amas?

Y un nuevo beso, ahora más intenso, los llevó por los incontables meandros de la eternidad.

La Paz, agosto de 2007